Cada nave, taller o local requiere un sistema distinto. Estas son las soluciones que instalamos y rehabilitamos en la Comunidad de Madrid.
Resina epoxi
Un suelo de resina epoxi convierte una solera de hormigón gastada, porosa y que suelta polvo en una superficie continua, sin juntas, impermeable y muy fácil de limpiar. Por eso es el pavimento más instalado en almacenes, garajes, talleres, zonas de producción y salas técnicas.
El hormigón pulido no es un revestimiento que se pone encima: es el propio hormigón de su solera, desbastado, endurecido y pulido hasta conseguir una superficie dura, brillante y sin polvo. Como no hay capa que se desgaste o se levante, es uno de los pavimentos más duraderos y con menor coste de mantenimiento.
Cuando un suelo tiene que soportar agua caliente a presión, choques de temperatura, grasas, ácidos y limpiezas diarias con desinfectantes, la resina epoxi puede quedarse corta. Para esos entornos existe el poliuretano-cemento: uno de los pavimentos industriales más resistentes.
El microcemento es un revestimiento continuo de solo 2-3 mm que se aplica directamente sobre el suelo o la pared existente: baldosa, terrazo, hormigón o yeso. Sin demoler y sin escombros, transforma el espacio con un acabado moderno, sin juntas y personalizable.
Un suelo bien señalizado ordena el tráfico interno, separa a peatones de carretillas, reduce accidentes y facilita las auditorías de prevención de riesgos laborales. Es una de las mejoras de seguridad más rentables en una nave.
Elegir el pavimento industrial adecuado afecta durante años a la seguridad, la limpieza y la productividad. Un suelo mal elegido o instalado termina en fisuras, polvo, desconchones y paradas para reparar.
El suelo de una nave condiciona su operativa: la velocidad de las carretillas, el desgaste de las ruedas, la limpieza, el polvo que llega a la mercancía y la seguridad. Por eso no instalamos un pavimento estándar: analizamos cómo se mueve su nave y elegimos el sistema adecuado para cada zona.